domingo 11 de marzo de 2012

Entender las cosas

Mañana empiezan las clases en la UCA.  El lugar en el que durante dos años desperdicié mi vida. Y no me da problema decirlo, porque tristemente esa es la verdad. Como les he compartido a algunos de ustedes fue el año pasado, mientras cursaba mi sexto ciclo de Comunicación Social, que volví a buscar la voluntad de Dios para mi vida. Y al buscar Su dirección fue que me convencí de que no tenía nada que estar haciendo en ese lugar. Al finalizar este día, como cada noche de este año, me pregunto si estoy en el lugar correcto, y sin considerarlo demasiados segundos la respuesta es un firme SÍ.

Hace unos días una hermana me hizo llegar una ofrenda, y agregó una nota que decía: “Bendiciones y gracia para su vida y ministerio. Confiamos en Dios, la obra y el llamamiento que ha recibido…” Precisamente esta noche confío en Dios, en Su determinación para hacer su obra en mí y en el llamado que en Su gracia y Soberanía ha hecho a mi vida. Así entiendo las cosas, al ver Su mano sobre mi vida, Su guía y cuidado. Él es poderoso, soberano y perfecto.

¿Cuánto me ha permitido hacer Dios durante estos días? ¿A cuántas personas he tenido el privilegio de presentarles el evangelio? ¿Cuántas veces y de cuántas maneras he visto obrar a Dios en mi vida y en la de otros durante estos dos meses? ¿Para qué estoy siendo preparado? ¡¿Por qué?! Entre tantas preguntas me aferro a los siguientes versículos, y se los quiero compartir:

“… Mas los que buscan a Jehová entienden todas las cosas”. Proverbios 28:5

“A la noche siguiente se le presentó el Señor y le dijo: Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma”. Hechos 23:11.

domingo 4 de marzo de 2012

La bendición de Su Evangelio

Les comparto unas fotos de lo que Dios me permitió la semana pasada. Con un grupo de amigos de Connecticut, estuvimos trabajando en la propiedad del ministerio durante las mañanas y por las tardes visitamos varias escuelas para realizar algunas presentaciones y llevar Su Evangelio. Además, pudimos ser de bendición y ánimo a algunas iglesias. El último día decidimos salir a una de las playas cerca del campamento y ahí también nuestro Señor nos permitió llevar la abundante bendición de Su Evangelio. Fue hermoso reconocer la intervención de Dios en cada momento, después de todo se trata de Su obra. Les ruego una vez más sus oraciones.












jueves 23 de febrero de 2012

Colaborador

Como algunos saben, este año Dios me ha dado la oportunidad y el privilegio de ser parte del equipo de una organización misionera. Estoy a tiempo completo, como suele decirse… Y  es así que se dice acerca de mí en estos días: “Eduardo García es un colaborador de Palabra de Vida El Salvador”.

Sin embargo, en estos días encontré que este concepto ya había sido utilizado en la Biblia. Lo que me emociona, y me conforta en la manera que puedo tener un entendimiento bíblico de esto en lo que estoy metido. Al menos lo que el apóstol Pablo quiso dar a entender en 1 Corintios 3:9 cuando dijo “somos colaboradores de Dios…”, es que “somos unos que ayudan o cooperan en la labranza de Dios”. ¡¿Por - qué?!

Sin enredarme demasiado, como las ideas me han dado vuelta en la cabeza respecto a esto en los últimos días, las cosas como son el apóstol ya antes las había establecido: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento”. (1 Corintios3:6-7). Las palabras que leí recientemente de un libro de Palau dejan claro todo lo anterior: “No se trata de lo que hagamos para Él sino de lo que Él hará por medio de nosotros”.

Mi Padre me sigue enseñando que debo seguir buscando depender cada vez más en Su persona, y que es así como puedo colaborar en la obra que Él que quiere hacer en mi vida y a través de ella. Solo Él puede hacer funcionar las cosas.

Sigan orando por mí. Si Dios permite prometo compartirles para la próxima unas fotos sobre la siguiente semana. Eso que ven ahí es mi tarjeta de oración. 

lunes 13 de febrero de 2012

Ezer

Esta entrada tiene por nombre la palabra que se utiliza en el original hebreo para “ayuda”. Allá por los inicios Dios le dio al primer hombre por compañera una “ezer” idonea. (Génesis 2:18) Estudiando hace unas semanas esa palabra encontré lo siguiente: “eruditos apuntaron que la palabra ezer se usa más a menudo (dieciséis de las veintiuna veces) en el Antiguo Testamento para referirse a Dios como el que ayuda a Israel en tiempos difíciles. Así fue que ezer se elevó a “ayudador fuerte”… por lo que una investigación posterior indico que ezer es una poderosa palabra militar en hebreo… El ezer es un guerrero, y esto tiene implicaciones muy extensas para las mujeres, no solo en el matrimonio sino en cada relación, etapa y esfera de su vida”. Como se expresa un amigo: “¡Impresionante!”

A continuación quiero compartirles mis queridos amigOs un texto que escaneé del libro “Biografías de Grandes Cristianos”, que he estado leyendo en las últimas semanas. Y que me ha permitido conocer un poco sobre la vida de algunas ezers. Como la señora Rosalind, ezer idónea de Jonatán Goforth. A esta mujer y a su esposo, el 19 de enero de 1888, un grupo de creyentes que fue a despedirlos en el inicio de su viaje a la China les gritaban: “Adelante, soldaDOS de Cristo”.

(…) Jonatán Goforth se casó con Rosalind Bell-Smith. Acerca de ese acontecimiento, ella escribió lo siguiente: "Desde  los veinte años de edad, comencé a orar pidiéndole al Señor que si El deseaba que yo me casara, que me dirigiese a un joven enteramente dedicado a El y a su servicio... Cierto domingo yo estaba presente en una reunión de obreros de la Toronto Mission Union. Un poco antes de comenzar la reunión, alguien llamó desde la puerta a Jonatán Goforth. Cuando él se levantó para ir afuera, dejó la Biblia sobre la silla. Entonces hice algo que nunca me he podido explicar, ni he hallado disculpas para ello; me sentí impelida a ir hasta la silla de él, tomé la Biblia y volví a mi silla. Al hojear rápidamente el libro, me di cuenta de que estaba muy gastado por el uso, y lo coloqué de nuevo en la silla de su dueño. Todo eso sucedió en un intervalo de pocos segundos. Allí mismo sentada en el culto me dije a mí misma: 'Ese es el joven con quien sería bueno que yo me casara.'

La joven continuó diciendo: "Ese mismo día fui designada, juntamente con otras, para abrir un punto de predicación en otra parte de Toronto. Jonatán Goforth estaba también incluido en ese grupo. Du­rante las semanas siguientes tuve muchas oportunida­des de ver la verdadera grandeza de ese hombre, la que ni su exterior despreciable podía esconder. Así, cuando él me preguntó: '¿Quieres unir tu vida a la mía para irnos a la China?' yo, sin vacilar un solo momento, le respondí: 'Quiero.' Pero algunos días más tarde fue muy grande mi sorpresa cuando él me preguntó: '¿Me prometes que nunca me vas a impedir que coloque al Señor y a su obra en primer lugar, aun antes que tú?' Esa era la misma clase de joven que yo había pedido en oración, para que Dios me lo diese como marido, y firmemente le respondí: 'Prometo hacerlo siempre.' (¡Oh, cuán benigno fue el Maestro, al ocultarme lo que esa promesa significaba!)

"Pocos días después de haberle prometido lo que me pidió, vino la primera prueba. Yo siempre había soñado (como mujer que era) con el bonito anillo de casamiento que iba a recibir. Fue entonces cuando Jonatán me dijo: '¿Te disgustaría si no te compro un anillo?' Inmediatamente me explicó, con gran entusiasmo, cómo se esforzaba en la distribución de libros y folletos sobre el trabajo que se realizaba en la China. Quería economizar todo lo que le era posible para esa importante obra. Al oírlo y después de contemplar la luz de su rostro, las visiones de un anillo bonito se desvanecieron. Era mi primera lección sobre los verdaderos valores”.

Esta entrada debería de terminarla citando las palabras de otro amigo: “El que lee entienda”. Amigos, más nos vale entender. Porque personalmente empiezo a imaginarme… y me pregunto: “¿Habrán dos balas y no una?”. ¡Qui-jue! (Esto último no se trata de ninguna expresión en hebreo).

jueves 9 de febrero de 2012

Hebreos 2:10-11

Esta mañana mientras trabajaba en la oficina tocó a la puerta un señor de unos 35 a 40 años: Don Cesar. En compañía de su hija, una niña no mayor de seis años, andaba buscando alguna oportunidad de trabajo, para así poder ganarse algunas monedas. Una de las misioneras me pidió que saliera a compartirle el evangelio. No teníamos trabajo para darle, solo un “par de billetes”. Pero podíamos compartirle lo más grande, y que nos ha sido dado gratuitamente: la salvación.

Nos presentamos, le di nuestra ayuda, y luego pasé a presentarle al que podía ser el Ayudador de su alma. Empecé a presentarle el evangelio convencido de que Jesús quería salvarle. Le hablé de que su vida, así como cada una  de sus necesidades no eran ocultas para nuestro Señor; y que Jesús se estaba apresurando a ayudarle en ese momento. Después de haberle expuesto todo el plan de salvación, le pregunté qué era lo que tenía que hacer para ser salvo. Don Cesar me respondió: no entiendo. En silencio hice una oración para pedirle al Padre de las luces que alumbrara su entendimiento entenebrecido, mientras le compartía Colosenses 1:14: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. Don Cesar le pidió a Jesús que limpiara sus pecados y le agradeció por la salvación.

Es difícil poder tener la paz respecto a la seguridad o las manifestaciones de salvación de otras personas; sin embargo, la manifestación de Don Cesar me pareció genuina. Tengo por costumbre animar a las personas a que sean ellas mismas quienes hagan una oración de arrepentimiento. La oración de Don Cesar fue clara y sencilla. Y es que la salvación nos cuesta nada. Y este día con la salvación de Don Cesar pude recordar y meditar eso: la obra de Jesús fue completa. La gracia que recibimos, le costó a Jesús la justicia de Dios en la cruz. Así es. Definitivamente no es ninguna ayuda barata, sino una salvación tan grande.

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos. Hebreos 2:10-11.

sábado 4 de febrero de 2012

Jesucristo y mi deficiencia

Desde que este año inició Dios puso una convicción en mí: Él quiere engrandecer su obra en mi vida. Y por lo tanto en mi lista de prioridades, de las 60,000 cosas para hacer durante este año, siempre debe permanecer en primer lugar la obra que Jesús quiere hacer en mi vida.

Esta semana pasada nuestro Señor me hizo estar bajo está convicción continuamente. Primero en Isaías 57:15 me llevó a pensar que Él y solo Él es Alto y Sublime. Él está “en un plano más alto”. Y Su Palabra dice que habita con el quebrantado, o en un significado literal del original: Él habita con el polvo. Esta verdad demasiado grande me ha llevado a depender más de Él en oración. Y esta semana pasada una vez más como dijo el salmista: este pobre clamó, y en Su misericordia Él fue mi ayudador. Nada me hizo falta, aún ante cosas que no tenía planificadas para esta semana. Él que está sobre un plano más alto sí lo sabía.

En una frase creo que lo puedo expresar de la siguiente manera: es suficiente reconocer que soy insuficiente. Estos días Jesús me lo enseñó en Mateo 10:25. Eso basta. Yo soy el discípulo, Él es el Maestro. Yo soy el siervo, Él es el Señor. Yo no sé, Él lo sabe todo. Yo he sido comprado y he sido ligado a Él que es el KURIOS, el que tiene todo el poder.

Jesucristo es bueno, es mejor, y solo Él lo es. Yo soy inepto, lo somos. Y al que quiera saber otra definición más clara sobre lo que soy y sobre lo que somos me puede preguntar personalmente, y yo con mucho gusto se lo voy a decir. El autor de Hebreos dice en los versículos 20 y 21 del capítulo 13: “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”. En mi deficiencia, y en mis palabras, lo puedo entender así: “Jesucristo es el gran pastor gran”. Porque la palabra en el original es MEGA, que en su traducción literal es enorme. Y solo Él nos puede hacer aptos, o en el original: solo Él nos puede ajustar, remendar, reparar, completar o equipar completamente para ese trabajo, empleo, tarea u obra que hacemos para agradarle a Él. Ante el gran pastor podemos y debemos ser buenas ovejas, empezando por reconocer lo malas que somos.

En la primera carta a los tesalonicenses, en el versículo 3:10, el apóstol Pablo dice: “orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe”. ¿Con cuánta insistencia deberíamos de estar orando para que Jesucristo complete lo que hace falta en nuestra vida espiritual? Hasta en esta área somos deficientes.

lunes 30 de enero de 2012

No sé su número

La primera semana en el equipo fue demasiado buena. El viernes a la tarde en casa de los Pereira (la familia de misioneros con la que me voy a hospedar este año) antes de almorzar me encerré un momento en el cuarto. Y de rodillas empecé a agradecerle a Dios por lo hermoso de la semana. No podía pensar en cada una de las bendiciones de Dios. Él había provisto para cada tiempo de comida, mi salud estaba bien, él me había cuidado en cada salida y entrada, y demás... Me sobrecogió la misma idea que había leído del salmista el día anterior: “No sé su número”. (Sal. 71:15).

A inicios de la semana le pedí a una misionera que me ayudará a hacer un presupuesto de vida.  Quería tener más o menos una idea de “cuánto dinero necesito para vivir mensualmente”. La semana entera se pasó y por diferentes razones sigo esperando el presupuesto. Más o menos mi idea con esto es poder tener la información para así hacer una buena administración de lo que Dios me de. Sin embargo, me doy cuenta de que el razonamiento que había estado haciendo es: “Dios me tiene que dar cierta cantidad de dinero”. Así que la idea en realidad tenía que ver con decirle a Dios algo así como: “Padre, esta es la cantidad de dinero que necesitas darme para vivir”.

A inicios de la semana pasada Dios me proveyó a través de una tía diez dólares. Con ese dinero salí de mi casa para San Salvador. Debía de ser suficiente para toda la semana, y así lo fue.

Esta segunda semana que empieza voy a continuar sin una idea de “cuánto dinero necesito para vivir”. Pero después de todo no parece tan necesario, ya que seguramente al final de la semana volveré a decir en mis oraciones: “¡No sé su número!”. Por lo que una cosa sí sé: DIOS ES FIEL Y CON ÉL ES SUFICIENTE.